Es tan típico comprimir todo lo que sentimos en un
Noviembre, Enero o Julio que una vez me dije que nunca lo haría. Supongo que a
todos nos llega el momento en el que tenemos que tragarnos nuestras palabras o,
dicho de otro modo, rectificar –como los buenos sabios-. Y es que ahora,
después de tanto, solo puedo llamarte Abril y decirte que hay un momento en el
que todo termina. No voy a mentirme ni mentirte; sigo pensándote en cada
renglón que escribo, en cada sueño que no termino pero el tiempo pasa y me he
dado cuenta –quizá tarde, quizá demasiado pronto- que no hay nada que pueda
arreglar este descosido que me hiciste a conciencia y sin prisa.
Ya no duele saberte lejos viviéndote sin mí ni pensar que ya
no me escribes –porque, para ser sincera, nunca me preocupó si había otra en tu
cama pero sí si la había en tus letras- y supongo que eso quiere decir algo. No
que te olvidé porque se que nunca lo haré - ni quiero-, si no que a todo le
llega su final y hoy estoy segura de poder ser sin ti.
Adiós Abril, un placer habernos conocido