7.24.2013

Adiós Abril

Es tan típico comprimir todo lo que sentimos en un Noviembre, Enero o Julio que una vez me dije que nunca lo haría. Supongo que a todos nos llega el momento en el que tenemos que tragarnos nuestras palabras o, dicho de otro modo, rectificar –como los buenos sabios-. Y es que ahora, después de tanto, solo puedo llamarte Abril y decirte que hay un momento en el que todo termina. No voy a mentirme ni mentirte; sigo pensándote en cada renglón que escribo, en cada sueño que no termino pero el tiempo pasa y me he dado cuenta –quizá tarde, quizá demasiado pronto- que no hay nada que pueda arreglar este descosido que me hiciste a conciencia y sin prisa.
Ya no duele saberte lejos viviéndote sin mí ni pensar que ya no me escribes –porque, para ser sincera, nunca me preocupó si había otra en tu cama pero sí si la había en tus letras- y supongo que eso quiere decir algo. No que te olvidé porque se que nunca lo haré - ni quiero-, si no que a todo le llega su final y hoy estoy segura de poder ser sin ti.


Adiós Abril, un placer habernos conocido

7.23.2013

Cristales rotos

No era una pesadilla, aunque, según su parecer bien lo podría haber sido; por primera vez estaba él solo frente al espejo. Él y nadie más, nadie a quién juzgar, nadie a quién sacar defectos o virtudes, solo él.  Y, aunque le daba pavor la idea de mirarse, llegado el momento tuvo que hacerlo. Comenzó por sus manos, eras las de un monstruo se dijo, para mi eran perfectas, fuertes y duras pero algo delicadas a la vez, claro que yo no veía lo que él; lo que había detrás. Pensó en cuanta sangre habían derramado y, como respuesta, una punzada de culpabilidad recorrió su cuerpo. Pero ese sentimiento desapareció cuando, sin poder soportarlo más, desvió su mirada hacia su boca. Fría y despiadada daba voz a los pensamientos más crueles que su mente podía crear, su verdugo particular; podía destruir a quién quisiese en cuestión de segundos. Lo que nadie podía imaginar es cuan placer le daba aquello, se detuvo un segundo más de lo esperado regocijándose en aquel sentimiento cuando algo cambió; ¿Cómo había podido consentir terminar convertido en eso?. Y como respuesta inconsciente sus ojos cambiaron de dirección hacia su piel. La odiaba, lisa y perfecta, no había en ella rastro alguno de cicatrices que pudieran adivinar los golpes y heridas que un día la invadieron; culpables ausentes. Largo tiempo pasó frente a aquel espejo, torturándose. Sabía como terminar con aquello pero no se veía capaz de hacerlo, tenía miedo de lo que sus ojos pudieran reflejar, podía haber en ellos tantas cosas… ¿Y si se había equivocado de camino?, ¿Y si en realidad no era lo que el resto de su cuerpo condenaba? O si, ¿y si era todo aquello y más?, ¿Cuántos errores había cometido?, ¿Cuántas oportunidades había dejado pasar?, ¿Había cumplido con los designios que le marcaban su destino o se había equivocado en sus decisiones?. Inmerso en sus pensamientos, en sus miedos y fantasías el tiempo se hizo infinito, pero no él, que acabo consumiéndose.